Viajando en India: Cap. 3

Para los millones de seguidores que me escriben semana a semana (todos dentro de mi cabeza) y retomando un poco después de un largo descanso este lindo proyecto que tengo entre manos, ¡les dejo la tercera parte de nuestro viaje por el sur de India!

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En uno de los trenes de India

Después de varias laaaaargas horas de viaje y con el culo cuadrado tanto estar sentados, ¡al fin llegamos a nuestro siguiente destino! El tren en el que íbamos llegó con un poco más de 3 horas de retraso, y se suponía que nuestro siguiente tren de conexión ya se había ido hace 15 minutos atrás, por lo que corriendo —y utilizando la misma técnica milenaria de empujones que ahora está en nuestro arsenal de batalla indio— nos fuimos lo más rápido posible a tomar el siguiente tren, aunque ahora en la clase sleeper (una pequeña camita de 1×2 metros apta para dormir). Como el otro tren también venía con retraso (¡gracias Jebús!) llegamos justo a tiempo al andén. Mientras el patas de fierro venía llegando y veíamos como la gente corría a tomar su mejor posición de ataque para subirse primero, nosotros no teníamos idea donde estaba nuestro vagón, por lo que desesperadamente empezamos otra vez a correr, ahora en busca del lugar que nos recibiría por unas 4 horas más. Con nuestra cara de desesperación y confusión, no fue raro que un indio nos parara a preguntar a donde íbamos, así que fue gracias a él fue que pudimos llegar a nuestro amado vagón y preparar todo para por fin, y después de un largo día de viaje y descubrimiento de una cara del mundo completamente distinta a cualquier otra que hayamos visto antes, pudiéramos estirar los huesos por algunas horas en una pequeña pero confortable cama junto a otras 60 personas más.

Vivian durmiendo en clase sleeper

Nos despertaron a eso de las 4 de la madrugada diciéndonos que habíamos llegado a nuestro destino, así que nos bajamos. Nos recibieron como siempre varios conductores de Tuk Tuk, los que se vieron frustrados de no poder sacar un poquito de dinero a aquellos turistas, ya que nuestro amigo Prashant fue a nuestro rescate a la estación de ferrocarriles. A Prashant lo conocimos a través de Couchsurfing, una plataforma online que te permite alojar gente en tu casa (como él amablemente lo haría con nosotros) o la oportunidad de buscar un lugar para dormir (como nosotros lo hicimos) y todo esto, a costo 0 (bueno, si quieres puedes pagar una versión pro, pero nosotros utilizamos solo la gratuita). Gracias a nuestro nuevo amigo, pudimos pasar varios días increíbles conociendo la ciudad y sus alrededores, como el Palacio de Mysore, Los Jardines de Brindavan, el Mercado antiguo de la ciudad, el Templo de Chennakesava y un montón de otros lugares más.

Palacio de Mysore
Jardines de Brindavan
Mercado antiguo de la ciudad
Templo de Chennakesava

Estando en la casa de Prashant, encontramos otro Couchsurfing en la ciudad de Mangalore, así que compramos nuestros nuevos tickets de tren para irnos al siguiente destino. Esta vez el viaje duró la mitad del primero, pero para mi se sintió el triple ya que iba con un terrible dolor de estómago e hinchazón, lo que me dio la oportunidad (no tuve más opción) de utilizar el baño del tren para hacer del uno y del dos. Fue una experiencia totalmente reveladora, aun no logro comprender como pude limpiarme el poto con aquel pequeño tarrito de aluminio atado a una cuerda de medio metro, solo les diré que tuve que sacrificar la mano izquierda y que ahora entiendo por que usan solo la derecha para comer.

Baño del tren
Ropa colgada lista para liberar a Willy

Después de aquel largo viaje, con vistas realmente increíbles de un India rodeado de montañas y más selva, llegamos a Mangalore, donde nos quedamos por casi dos semana en el departamento de Himanth, ¡un indio que nos aceptó y nos recibió en su hogar sin siquiera él estar en la ciudad! Himanth se encontraba en Delhi por trabajo durante algunos días, pero teniendo la oportunidad de recibir y ayudar gente a pesar de no encontrarse en su casa, no dudó en hacerlo. Definitivamente, el mundo sería un lugar mejor si todos fuéramos un poquito más como él. Estando en Mangalore, conocimos a una pareja de Australianos que están viviendo en la zona trabajando como voluntarios en una escuela de surf, y es gracias a ellos que conocimos la rica gastronomía del lugar, además de haber intentado surfear. Aun no lo logro, pero al menos pude ponerme de pie en dos oportunidades por algunos segundos, ¡algo es algo!

Camino a la playa en Mangalore
Ultima comida con Himanth en Mangalore

Y bueno, les dejaré hasta aquí la historia, ¡para que no se aburran tanto de leerme!

Espero hayan pasado unas maravillosas fiestas junto a quienes más aman, que hayan abrazado mucho y que los hayan abrazado mucho a ustedes también.

Un abrazo gigante, ¡y que tengan un gran día!

Juani

 

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