Viajando en India: Cap. 2

Y bueno mis queridos lectores, continuando con la historia que dejé inconclusa en el post anterior, ¡seguimos avanzando por las calles de India!

Si no leíste aun la primera parte de esta historia, haz clic aquí 🙂

Street art India

Después de la adrenalínica carrera en un bus local por las calles de Kochi, finalmente llegamos donde nuestra amiga Deepa (gracias Deepa, te amamos), quien amablemente nos hospedó durante cinco noches, en donde salimos a conocer parte de la ciudad y de la gastronomía local. En general, lo que más se repite en todos lados es arroz o tortillas (que dependiendo de que harina usen y si son fritas o tostadas van cambiando de nombre) con curry. Es todo picante (aunque no tan mal) y con mucho aliño, lo que te hace sentir una bomba de diferentes sensaciones y sabores al momento de llevarte un bocado a la boca. Por cierto, aquí no se usan cubiertos, solo cuchara para sacar salsas y currys y ponerla en tu plato, el resto se hace todo con la mano derecha (porque la mano izquierda se utiliza para limpiarte el * cuando vas al baño).

¡Comiendo el rico arroz con curry que nos preparó Deepa!

Después de aquellos agradables días con Deepa, nos separamos y nos fuimos camino a Mysuru. La forma que elegimos para llegar allá fue el tren, ¡el famoso tren de India! Lo que no sabíamos es que sería un viaje tan largo, hicimos mal los cálculos (beginners) y un viaje que se suponía de 8 horas al final, con los retrasos y todo, ¡fue de 15! El total de la ruta se dividió en dos, un tren de día que nos llevaría desde el terminal sur de Kochi hasta Bengaluru y otro de noche, que nos llevaría desde Bengaluru hasta Mysuru. Lo primero que destaca de los trenes es su estilo, todos muy antiguos pero bastante decentes por dentro. Los asientos no son lo más cómodo que hay, pero están bastante bien para el precio que pagamos (el total de cada ticket fue de 285 rupias, algo así como 2.800 pesos chilenos). 

Tickets de tren
Atardecer desde alguna estación de trenes

Nosotros pensábamos que la aventura en el tren comenzaría una vez estuviéramos en ruta… cuan equivocados estábamos. La verdadera aventura *inserte música épica aquí* comenzó justo antes de que el tren frenara completamente para que la gente pudiera subir: nunca vi batallas campales tan agresivas como aquellas, todos se empujaban violentamente intentando subir primero al tren. Lo más extraño de todo, es que los tickets de esos vagones a los que nosotros también nos íbamos a subir, están numerados, eso quiere decir que cada uno tiene su número y su silla guardada, no habiendo necesidad de hacer un espectáculo como el que estaban dando en aquel momento. Una vez dejaron de pelear y estando todos sentados adentro, subimos también al tren y nos ubicamos tranquilamente en nuestros respectivos asientos, sin golpes ni apuros.

Una vez ya en ruta, por el pasillo del tren pasan un sinfín de vendedores con todos los productos que te puedas imaginar, desde comida hasta artículos de belleza, protectores para celulares, billeteras, etc. Yo pensaba que eso sería solo por algunas horas, pero a lo largo de todo el trayecto no paran de intentar venderte lo que más puedan hasta llegar a la última estación. La comida dentro del tren es muy rica y debo decir que es barata, casi mismo precio al que encontraríamos el mismo producto en una tienda familiar (se puede desayunar o cenar entre 45 y 90 rupias, algo así como 450 y 900 pesos chilenos).

La vista desde dentro del tren

El vagón en el cual íbamos constaba de dos líneas de asientos separadas por un pasillo. En cada corrida de asientos, hay espacio para que se sienten (no muy cómodamente) tres personas por sillón y otras tres personas justo al frente, cara a cara. Otra cosa que descubrimos de India y sobre todo en los trenes, es que en la cultura local no se respeta el espacio personal, debe ser que al ser más de un billón de habitantes no hay mucha oportunidad de tener un espacio privado, pero en el tren les importa menos aun, y si pueden aprovechar ese centímetro de sillón que dejaste sin ocupar para poner sus pies y buscar una postura más cómoda: lo van hacer. Desde el tren se puede ver una India diferente a lo que en el centro de las ciudades se observa, pequeñas casitas de adobe o madera una tras otra, caminos de tierra rojiza, niños y adultos sonrientes mirando su única entretención del día pasar frente a sus ojos, frondosas selvas, montañas, ríos y por cierto, mucha basura.

Hay algo que me encanta de estos trenes y que si bien no es para nada seguro, creo que le da un toque increíble al viaje: las puertas por las que anteriormente la gente luchaba por cruzar y tomar asiento, están siempre abiertas para que cualquiera pueda acercarse a ellas y sentarse a mirar lo que hay afuera mientras el tren sigue avanzando a toda velocidad. Otra cosa que llama la atención, y que de corazón se agradece, es que en el techo hay muchísimos ventiladores los cuales se pueden encender y apagar a gusto simplemente levantando un interruptor cerca del asiento.

Piecitos de Viv desde la puerta abierta del tren
Tren desde fuera
Puertas abiertas con tren en movimiento
Tuk Tuk al acecho

¡Y hasta aquí dejaré este capitulo! La idea es hacerte amena la lectura con un poco de lo que hemos visto de India, sin saturarte de tanta información.

Te envío un abrazo gigante, y muchísimas gracias por haberte dado el tiempo de leer. Si disfrutaste de la lectura, te invito a compartir este post en tus redes sociales para que otros también puedan hacerlo. Con eso, ayudas a difundir mi página web y este lindo proyecto…

¡Que no se te pase la vida!

Juani.

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