Viajando en India: Cap. 1

¡Buenas a todos! Estoy queriendo mantener un poco más activa mi página web mientras sigo puliendo y editando mi libro. La forma de hacerlo será a través de un blog, donde iré publicando (con frecuencia aun no determinada) un poco de los lugares que he visitado y las cosas que hemos vivido.

Si llegaste aquí y aun no sabes quién soy yo y cuál es mi proyecto, haz clic aquí.

Entonces, vamos a lo que vinimos, ¡la primera publicación en el blog! ¡EH EH EH! (léase en tono de celebración)

¡Bienvenidos!

Ahora mismo nos encontramos en India, hace ya dos semanas que llegamos y la imagen que traíamos a la que actualmente tenemos después de algunos días en el país es completamente distinta.
Tomamos nuestro avión desde Bangkok en Tailandia y nos fuimos en vuelo directo a Kochi, en el sur oeste de India. Como llegamos a eso de las 4 de la madrugada,  no tuvimos mucha opción de transporte, así que como el aeropuerto contaba con WiFi nos movimos a nuestro Homestay a través de Uber (muy utilizado en el país).
Habiendo ya descansado un par de horas, nos levantamos y nos fuimos a la ruta del desayuno. No muy lejos de donde nos estábamos quedando, encontramos un hotel donde aparentemente también vendían comida al público. Era un pequeño local familiar donde vendían una variada cantidad de comida que se acompaña con alguno de los currys que ahí mismo se pueden encontrar. Justo afuera del pequeño hotel y siendo parte del negocio, había un señor cocinando a toda velocidad y con una destreza increíble una tortilla llamada parotta. Compramos tres parottas (para cada uno), un curry de garbanzos y uno de arvejas, ¡todo realmente exquisito! Los currys no dejan de ser picantes, pero si tienes cuidado y no te comes uno de todos los ajíes que le ponen, se sobrevive sin dramas.

¡Parotta con curry!

Mientras seguimos caminando sin rumbo alguno y casi enseguida después de haber salido del pequeño local de comida, nos encontramos con Migue (si, según el ese era su nombre) un conductor de Ricksha o Tuk Tuk (un triciclo motorizado muy común que usan de taxi) muy amable que nos ofreció un tour de una hora por solo 50 rupias, algo así como 500 pesos chilenos (entre Vivian y yo). Sin pensarlo mucho dijimos que si, así que empezamos a viajar con Migue a través de Kochi y sus alrededores. Después de haber ido algunos templos y museos y luego de varias bromas de nuestro nuevo amigo, Migue nos cuenta que si nos lleva algunas tiendas solo para que entremos y veamos los productos (sin necesidad de comprar nada), como comisión el recibiría un ticket que se puede canjear por un kilo de arroz. Con Vivian, siempre decimos que ahora mismo tenemos más tiempo que plata, así que habiendo aceptado un tour tan barato y pudiendo ayudar a nuestro amigo, aceptamos su petición y nos fuimos a la ruta del arroz. Tienda tras tienda íbamos avanzando, entrando y mirando como si quisiéramos comprar para luego salir y encontrarnos con un alegre viejito con su respectivo ticket válido por un kilo de arroz para llevar a casa. En total recorrimos 5 negocios (para 5 kilos de arroz) y un montón de otros lugares, pasando de un tour de 1 hora a uno de casi 4. Como habíamos dormido bastante mal por el viaje, decidimos despedirnos del Tuk Tuk y de Migue e ir nuevamente a descansar.

Con nuestro amigo Migue en su Tuk Tuk

Al otro día, nuevamente tomamos desayuno en el mismo hotel (donde nos enteramos que hotel se le dice a los lugares para comer, no para dormir) para luego irnos al lugar donde tomaríamos el transporte público e ir al encuentro de Deepa, una amiga de India que conocimos cuando estuvimos en Ubud, Bali.
Camino al lugar donde tomaríamos el bus, otro conductor de Tuk Tuk nos dice que nos lleva gratis si vamos con el a una tienda para que le den un kilo de arroz. Como en realidad no era difícil hacerlo y el sol estaba bastante fuerte, decidimos aceptar. Se suponía que aquel hombre nos ayudaría también a ver cual era el bus que teníamos que tomar (porque todo esta escrito en la lengua local), pero una vez en el lugar adecuado para tomar la micro y ya habiéndonos bajado del Tuk Tuk, aceleró y rápidamente se marchó. Estuvimos unos 15 minutos esperando en aquel lugar hasta que por fin llegó nuestro bus, una micro gigante bastante destartalada que tiene dos puertas de acceso, la delantera y más cercana al conductor para las mujeres y la de atrás para los hombres. En general, se sientan en ese mismo orden dentro del bus (si, van separados), pero si está muy lleno y no hay más opción, tampoco es que se preocupen mucho.

Siempre he pensado que los conductores de la locomoción colectiva en Chile conducen bastante mal (al menos en mi ciudad de Talcahuano), porque claro, en comparación a Nueva Zelanda (país en el que viví los últimos once meses de mi vida antes de viajar por Asia) todos lo hacen, pero nunca me había tocado vivir la adrenalina de ir en un bus colectivo por las calles de India… Primero, salen todas las micros al mismo tiempo del terminal, y aunque van todos a diferentes direcciones, todos siguen por un tiempo la misma ruta. La batalla entre ellos para ver quien toma la mayor cantidad de pasajeros es descomunal, yendo a toda velocidad por calles bastante angostas de doble sentido pero una sola pista para cada uno. Como es lógico, debería ir solo un auto en cada una de las pistas y adelantar cuando haya el espacio suficiente para hacerlo. Bueno, eso no sucede aquí, los buses son grandes y ellos lo saben. No les importa realmente nada ni nadie, se meten y arremeten a toda velocidad donde se les plazca, frenando y acelerando bruscamente, sin olvidar que van tocando la bocina durante todo el camino para que les abran el paso (en India, tocar la bocina es parte de la cultura automovilística y se usa para dar aviso que estás atrás y que quieres adelantar). El conductor sólo se dedica a conducir (y a no morir en el intento) y dentro de la micro, hay otras dos o tres personas cobrando el pasaje que varía dependiendo a donde vayas. Para llamar al tipo que cobra, hay que tirarle un beso (no es eso, pero es ese sonido el que hacen). Otra cosa interesante de las micros, es que las ventanas se abren y se cierran como acordeón hacia arriba y abajo, entonces si quieres sol y brisa, ¡simplemente la levantas y listo!

Después de aquella adrenalínica carrera por las calles de Kochi, finalmente llegamos donde nuestra amiga Deepa (gracias Deepa, te amamos)… ¡pero esa historia quedará para un siguiente blog!

¡Micro con todas las ventanas abiertas!
Muuuu, ¿Qué hay por acá?
Cuando viajar te quita las energías...

Espero te haya gustado este pequeño avance de todo lo que hemos visto y aprendido aquí en India, próximamente planeo ir subiendo otros post para no saturarte en información.

Sigo trabajando duro para que próximamente (probablemente antes de navidad) esté a la venta mi libro en su versión digital… Así que pronto tendrás más noticias al respecto 🙂

Y no olvides que si quieres ayudarme, ¡puedes hacerlo compartiéndome en las redes sociales!

Un abrazo gigante enorme a tí, que te diste el tiempo de llegar hasta esta parte… Y recuerda: Que por mucho soñar, no se te olvide vivir.

¡Que no se te pase la vida!

Juani.

EDIT: ¿Sabías que ya está publicado mi eBook? Puedes leer acerca de este lindo proyecto haciendo clic aquí 🙂